
Sembraba miedo, una mujer viviendo sola en una casona daba mucho que pensar. Aunque como en los cuentos de hadas cuando la aparentemente bruja vieja y malvada del reino es en realidad un hada y hermosa llena de gracias para el príncipe galán que consiguió liberarla con un beso no era la clásica arpía sino una joven sensual acostumbrada a fiestas al contrario de su vecina Julia quien era una perfecta ama de casa que se entretenía sola con sus dos sirvientas.
Al conocerse Julia fue conducida al cuarto principal de la maniática pero a pesar de que sobre la cama la esperara un Adonis desistió y salió corriendo dejando al hada echando chispas.
Nunca volvió a ser invitada pero poco después la mansión se fue vaciando hasta que se mudó “muy lejos” según decían. Pasaron los años y Julia al envejecer ayudaba a los menesterosos; la última anciana que socorrió le dijo: -¿No me das unas monedas? Mi galán vendrá a rescatarme.



