
Hombre emplumado de Sol
que cantas con cuatrocientas voces
la interminable canción de tu pueblo.
¡Eleva tu canto–plegaria
por la fertilidad de la tierra!
Recorre con las alas tronchadas
de tu raza labriega
los cuatro rumbos del universo…
Que no erosione el olvido
la huella de tus pasos cansados
para que pueda seguirte
– pez en el viento –
el cardumen que ha de remontar la corriente
en el caudal infinito de la historia.


