Rodrigo el Septiembre 9th 2009, 9:14 am
El frio le llegaba hasta los huesos y la visión no desaparecía. Él quería creer que sólo era producto de la imaginación activada por la prolongada vigilia, lo onírico en medio del despertar. Pero es sabido por todos que los deseos no suelen cumplirse, y este no sería la excepción. Lo que veía era tan real como la montaña que había escalado hace apenas 12 horas.
La silueta era clara y translúcida, no estaba enteramente definida, pero se adivinaba perfectamente que era. Era el deseo hecho humo, la carne convertida en sueño: la bruma hecha mujer. Pero él lo penso al revés; la mujer de bruma.
La diferencia era enorme entre uno y otro concepto. El primero era maravilloso, cálido e invitaba a la ensoñación de un mundo diferente, la cristalización de la bondad y el jugueteo de la bruma. Descubrir realidades a las cuales fugarse sin culpa. La bruma elije la forma de mujer por ser la materialización de la belleza pura; la inefable imagen del sueño en la tierra.
En cambio el segundo concepto, la mujer de bruma, era una leyenda sobre la maldad de la femenina naturaleza, que les juega trucos a los hombres. Descubre sus más intimos secretos y termina por explotarlos en ilusiones que buscan la perdición del viajero de la montaña.La mujer de bruma existe como vapor para entrar por cada uno de los poros de la víctima en turno; la deleznable realidad convertida en dolencia.
Ese fue el error. El hombre creyó que estaba frente a la mujer de bruma; se paralizó y empezó a sudar frio. Pensó que era su fin. El susto le provocó un infarto, estaba cerca de un poblado en el corazón de la montaña.
No supo distinguir, no se dejó llevar por la bruma hecha mujer hacia la evaporación de sus males. Pero distinguir es sencillo: la bruma hecha mujer nunca abruma, produce un indescriptible alivio una vez que la has reconocido. La mujer de bruma siempre termina por dar al mar conviertida en espuma.
Última edición por Rodrigo el Septiembre 10th 2009, 11:03 am, editado 1 vez