
Infancia,
casa derruida por la amnesia de esta cuidad
carcomida de pasos que no saben retroceder.
Hoy que encuentro una ventana
hacia la espiral interminable de los años
te encuentro despoblada…
Ya los trasgos de la imaginación te han abandonado,
las manos, hacedoras de futuro,
han pactado no trazar en el viento tu semblante.
Duerme ahora en una caja de zapatos,
en una cama raída por los años,
en un rincón al fondo de mi historia…
Duerme y abraza tu ternura, tu sueño,
tu risa de cascabeles dorados.
Ya sólo puedo mirarte a través de la ventana.


